14/10/10

Jesús es arrestado. Lucas 22, 39-53

        

                                         Jesús es arrestado
                                          Lucas 22, 39-53

Después de terminada la cena Pascual, Jesús y sus discípulos fueron al monte de los Olivos, un lugar donde Jesús le gustaba ir a rezar. Él les dijo entonces: "Recen, para no caer en la tentación". Y luego se alejó n poco de sus discípulos.
Jesús se arrodilló en el suelo y oró así: "Padre, preferiria que alejaras de mí este sufrimiento. Pero yo quiero hacer aquello que tú quieras". Y entonces, vino un ángel del Cielo para dar fuerzas a Jesús. Como su sufrimiento era tan grande, el sudor de Jesús se transformó en gotas de sangre que caían a la tierra mientras oraba.
Cuando terminó de rezar, Jesús regresó al lugar donde había dejado a sus discípulos, pero los encontró a todos dormidos. "¿Cómo pueden dormir?", les dijo. "¡Despierten! ¡Deberían estar rezando para no caer en la tentación!".
Los Apóstoles entreabrieron los ojos. Cuando finalmente despertaron, vieron a Judas al frente de una gran cantidad de personas que venían a tomar preso a Jesús.
Judas se acercó a Jesús, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. "Judas, ¿me traicionas con un beso?", le preguntó Jesús con gran tristeza.
Entonces, uno de los discípulos de Jesús tomó su espada y le cortó la oreja a uno de los servidores del sumo sacerdote. Pero Jesús le dijo: "¡Basta! ¡Detente!". Luego tocó la herida del servidor y lo curó.
La multitud arrestó a Jesús y lo condujo ante el sumo sacerdote. Pedro los seguía, pero se mantenía a una distancia prudente detrás de ellos, porque tenía miedo.
En el patio del palacio donde se encontraba el sumo sacerdote, había algunos sirvientes sentados alrededor del fuego.
Pedro se les acercó. Una mujer lo vio y dijo a los otros: "Este hombre también estaba con Jesús".
                  Pedro estaba muy asustado. Él no quería ser arrestado como Jesús, así que respondió:
"¡Ni siquiera lo conozco!". Un rato más tarde, alguien más señaló a Pedro y dijo: "¡Tú también eres uno de los seguidores de Jésús!".
Pedro exclamó: ¡No, no lo soy!".
Una hora después, otro servidor dijo: "Este tiene que ser uno d elos discípulos de Jesús. Él también es de Galilea".
Una vez más, Pedro negó conocer a Jesús. "¡No sé de qué están hablando!", gritó.
En ese mismo momento oyó al gallo que cantaba, y recordó lo que Jesús le había dicho: "Antes de que cante el gallo, tú habrás negado tres veces que me conoces".
Entonces Pedro salió rápidamente y comenzó a llorar con gran amargura. Sentía remordimiento por haber negado a Jesús.